Acordes que me recuerdan
- Alba Ruiz Tenza
- 30 abr 2021
- 2 Min. de lectura
Las nubes hacen contraste con la inmensa manta de agua que hoy está en calma. Las gaviotas están reunidas en el centro del puerto. Donde los barcos llegan. Ahora mismo no hay más que uno. El de carga y descarga. Como un corte de luz, como un apagón. Se oyen las cuerdas de una guitarra para las almas que pasean por este camino de azulejos blancos. Suena I still haven´t found what I’m looking for de U2. Caen monedas. Yo respiro. ¿Reconocimiento a lo debido?

Los parques están cerrados este jueves 21 de enero. Hace un mes del invierno y Málaga llora sin gotas. Ni lluvia, ni lágrimas. Parejas se besan entre mascarillas. Otras insistentes hacen deporte con el deseo de alguien que camina por primera vez. O escucha. Ahora mismo sus oídos están felices. Los míos también. Suena música, suena mar. Nadie sabe qué le ha traído aquí. ¿Qué hace un muchacho de unos 25 años tocando la guitarra en pleno muelle malagueño? Me acerco.
Me siento en medio de una diana. Los dardos del impulso me convencen. Hay un foco alumbrándome. Como esos focos que te hacen ser el protagonista encima de un escenario. Luz. Brillo. Es el sol. Y yo me siento una estrella. No por estar cantando mientras Málaga busca feria en sus bancos de arena, sino por ser valiente de acercarme al joven guitarrista. La vergüenza me la dejé en casa. Las gafas de sol también.
La farola hace señas y eso que no hay ningún barco que orientar. Intento abrir los ojos ante tanta luz. Hay silencio entre las personas desconocidas que se cruzan. Continúan sonando acordes de esa guitarra. Mi mano ya está en el bolsillo. Siento la redondez de las monedas que me quedan. Clink. Caen directas al sombrero que tengo delante de mis pies. El joven aparentemente inglés sonríe como un niño de tres años viendo sus dibujos favoritos.
–Thank you so much–, pronuncia el chico al ritmo que sus cuerdas tiemblan.
Málaga suena al ritmo de U2 gracias al joven inglés. Mientras, yo bailo con los pies quietos. No soy la única. Cada mirada que pasa por esta zona se percata. Las gaviotas vuelan. El sol se va despidiendo y la farola brilla aun más que antes. Entonces llega el momento. Cierro los ojos. Los abro. Miro al cielo y lo sé. Qué afortunada soy.
Me he quedado sin el café de media tarde, pero ahora tengo mucho más. Las ganas de ver lo sencillo y valioso que es el tiempo. ¿Cómo una escena tan simple puede cambiarme el día? Muchas veces me lo pregunto. Él no lo sabe, pero este jueves ya no es un día cualquiera. Málaga ahora está más contenta. Su banda sonora hace eco en tanta calle sin vida. ¿Y yo? Yo ya estoy saltando en zigzag por los azulejos blancos, como cuando tenía apenas cinco años.



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